TANE, la enfermedad que no es bulimia ni anorexia pero afecta a los adolescentes

TANE, la enfermedad que no es bulimia ni anorexia pero afecta a los adolescentes

Provoca atracones, ayunos y vómitos. Las chicas de 12 a 24 años son las que más lo sufren.

El TANE o Trastorno Alimentario No Especificado, es una alteración de la conducta alimentaria que no cumple los criterios para ser diagnosticado como anorexia nerviosa, ni tampoco como bulimia nerviosa.

Esta categoría se usa frecuentemente para incluir aquellos pacientes que cumplen la mayoría, pero no todos, los requisitos para ser diagnosticados de anorexia o bulimia. Quienes lo padecen tienen comportamientos similares con los alimentos, de atracones, ayunos y vómitos, y pueden pasar de comer muy poco a ingerir grandes cantidades de alimentos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un padecimiento cada vez más recurrente entre jóvenes de 12 a 24 años, en su mayoría mujeres.

Los criterios médicos establecidos para realizar el diagnóstico TANE son los siguientes:

▪ Mujeres que cumplen todos los requisitos para poder ser diagnosticadas de anorexia nerviosa, excepto que presentan menstruaciones regulares.

▪ Se cumplen todos los criterios establecidos para el diagnóstico de anorexia nerviosa, excepto el peso, que se encuentra dentro de límites considerados normales.

▪ Cumple los criterios de bulimia nerviosa excepto por el hecho de que la frecuencia de los atracones y otras conductas alimentarias no adecuadas, ocurren con menor frecuencia de dos veces por semana o se han prolongado menos de tres meses.

▪ Empleo frecuente de conductas alimentarias no adecuadas después de la ingesta de pequeñas cantidades de alimentos en una persona de peso normal. Por ejemplo, provocarse el vómito después de tomar un trozo de chocolate.

▪ Masticar la comida y después expulsarla sin tragarla o tragando cantidades muy pequeñas.

▪ Atracones recurrentes sin que existan las acciones compensatorias características de la bulimia nerviosa.

A quiénes afecta

De acuerdo a las estadísticas del Centro Especializado en Desórdenes Alimentarios (CEDA), el 90% de las consultas recibidas en su sede son de mujeres, de las cuales el 60% son adolescentes.

La anorexia y la bulimia afectan a 7 millones de mujeres y a un millón de hombres en todo el mundo. En Argentina, según datos del año 2011 de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), el 37 por ciento de las mujeres de entre 15 y 20 años sufre un trastorno alimentario.

Estos trastornos alimentarios suelen presentarse en quienes perciben marcada disconformidad con su imagen corporal o apariencia física, baja autoestima o desvalorización personal, dificultad en el control de los impulsos y las relaciones sociales.

Razones psicológicas y multifactoriales

Según especialistas, los factores de riesgo de los trastornos de alimentación son multifactoriales. “Resultan de la interacción compleja de factores psicológicos, físicos y socioculturales que interfieren en el comportamiento del individuo, dificultando la comprensión de su etiología”, reconoce la Dra. Busnelli a Clarín.

El uso extendido de redes sociales y la globalización no hicieron más que aumentar la presión social que padecen los jóvenes por lucir cuerpos perfectos, lo que habría aumentado la prevalencia de trastornos alimentarios.

¿Cómo cuidar a los chicos?

“Es importante enseñar desde pequeños la importancia de seguir hábitos saludables: establecer horarios de comida regulares, repartir los alimentos en cuatro o cinco tomas al día, evitar saltearse comidas y no picotear entre horas. La dieta deber ser sana, equilibrada y variada e incluir todos los alimentos”, aconseja la Lic. Canicoba.

Las pautas de alimentación deben seguir las siguientes reglas:

– Incorporar más de 5 porciones de frutas y verduras diarias.

– Reducir al máximo posible el consumo de bebidas azucaradas.

– Alentar el consumo de agua.

– No saltear el desayuno.

– Minimizar las comidas fuera del hogar.

– Involucrar a toda la familia en los cambios de hábitos.

– Disminuir las horas frente a las pantallas.

– Eliminar el televisor de la habitación.

– Favorecer el juego al aire libre y la vida deportiva grupal no competitiva.

– Inducir a las caminatas.

– Promover la integración a la mesa familiar.

– Establecer gradualmente los horarios de comida favoreciendo la comensabilidad.

 

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